
Ganar espacios para la vida como tarea de escultura, proveer lugares para lo habitable, mediante la transformación de lo cotidiano en sustancia donde el misterio de lo mínimo pueda detenerse, descansar, procurar imantaciones eróticas de sentido. Ampliar una vez más la labor escultórica, como la preocupación de un viajero por sus huellas, en las que observa lo más importante que en ellas se contiene como mirada del otro, expandida visión social: articulación de vitalidad, energía, movimiento, sensaciones, recorridos, tiempo, música. Desafío de y para María Carretero.
… he procurado que el proyecto fuera un lugar de reunión de personas preocupadas por el espacio y que proporcionara un acercamiento didáctico y sensual a los elementos principales de la obra, como el trabajo genérico con el espacio o su concreción en un lugar mágico como es el Camino de Santiago. He querido tener una visión ampliada del proceso de constitución de la obra, una filosofía más globalizadora que entroncara con la figura del peregrino, acercando a artistas pensadores y gestores portugueses, alemanes, norteamericanos, japoneses no al final previsible del trayecto -Santiago de Compostela- sino a la gestación de un espacio público de peregrinaje…
… del mismo modo la escultura debe incluir el propio camino, los pueblos casi sin nombre que atraviesa, el entorno social en que se inscribe y en alguna medida también escribe, las gentes y los encuentros que producen…
… el mismo proceso de la obra, en el que llevo inmersa cerca de dos años y medio es el primer reflejo de lo que quisiera ver aparecer. Surge de una lectura apasionada de un espacio que pertenece en algún modo al de mi infancia, de los elementos que se encuentran en él presentes, como un entorno a la vez natural, urbano, de paso, con la clara intención de generar un diálogo abierto entre todos ellos. Engranar la pieza en el espacio de tal forma que en la escucha paciente de lo que allí habla, en el cambio necesario que se produce en el viaje del proyecto, sea el broce, la mirada lo que comience a crear y transformar el espacio en un lugar…
… el recorrido comienza en un antiguo molino, medieval, que he intentado recuperar como la primera señal del camino hacia la mirada, y que continúa, pasando por un puente que articulaba el eje de paso del pueblo, hasta llegar a las piezas -monol-hitos- confeccionadas en bronce y granito de Zimbawe, que a su vez son centros móviles de una serie de caminos pavimentados en granito protugués que quisieran acompañar y articular un camino para la visión…
… la escultura es un proceso real, un camino en el que me interesa sobre todo incluir su entorno social, las reacciones de los habitantes de Sarria, extrañados en un principio, curiosos después, entusiasmados en algunos casos por la recuperación de los sentidos que allí estaban aletargados…
… el ambiente de creación es lo que constituye la magia como transformación de lo extraño hacia lo cotidiano, una creación doble, por una parte proyectada hacia lo concreto exterior, por otra, devuelta por los comentarios, las sensaciones, las visiones de los otros hacia un proceso de transformación personal, interior, vital que de nuevo es incluida en la obra…
… desde este punto de vista, el rigor de ordenación de esa serie de palabras que surgen al leer un espacio para mi deben reflejarse en la pulcritud y exactitud del montaje formal, material de la obra, que debiera responder a estas peticiones, a estas preguntas en el aire…
… el autor debe desaparecer, al igual que la escultura, convirtiéndose en una voz que siempre estuvo ahí, que subraya de la manera más personal los contenidos pero que los ofrece y comparte con los demás, con los que, con él, viven ese espacio…
… existe una pieza central, una escultura en bronce que quiere integrarse en lo natural y su intemperie mediante sus pátinas, sus texturas, en un intento de que pueda habitar haciéndose habitual…
… siempre hay algo nuevo en el lugar que puedo sentir porque, aunque nací en Madrid, mi infancia, mi familia, mis recuerdos más vividos han nacido en Galicia. Responder a esta sensación de desafío, como ayudar a armonizar ese juego de voces al que pertenezco, ofreciendo figuras que sean capaces de articularlo, que procuren en la medida de sus posibilidades que puedan seguir hablando. Esta sería para mi la labor de la escultura pública…
… el viaje principal es el de la memoria, en el que no hay punto de llegada ni meta sino recorridos. Pero también estoy interesada en el diálogo de gentes que no estuvieron aquí, como James Wines, Kiyonori Kikutake, Dorothea van der Koelen, Fátima Ramos, Peter Hobart, quienes, entre otros, han participado en el proyecto proponiéndome sus lecturas, sus visiones, su sorpresa…
… añadir valor como movilidad, como algo que se ofrece, que se comparte por una comunidad que genera sentido alrededor de un trayecto, haciéndolo suyo. Articular un espacio como una plaza pública, alejándose de las concepciones más cercanas a una intromisión, a la construcción de un pisapapeles que adorna pero no articula el sentido de una comunidad. Frente a ello, el arte primitivo posee siempre una columna vertebral que te habla, te interpela, esta es la sensación que encuentro en un talayot, pero que puede producirse de forma parecida frente a una piedra particular…
… la génesis de la pieza central, el peregrino, tuvo algo de llamada, de comunicación misteriosa. La piedra de Zimbawe hablaba, contaba cosas cuando la vi en su enormidad en la cantera. Sus tres metros la hacían extraña, imposible de manipular, próxima y legana a un tiempo, pero sobre todo viva, cercana y distante. Su fondo estaba hablando, y proponía frente al problema de su centralidad en el montaje otra serie de diálogos, como si activara con su presencia el ambiente y pudiera comenzar a ver de otra forma los árboles centenarios al lado del río, el entorno natural, tan impresionante en Galicia, el recorrido, el suelo…
… se convirtió en el corazón, el motor del proyecto, desde su mole de cincuenta toneladas quería comenzar a andar y desde el planteamiento inicial la piedra se convirtió en una cuña que exigía que todos los espacios estuvieran en diálogo con ella. La piedra comenzó en alguna medida a mandar, mi papel era el de responder, respetar la belleza que creaba, ser su sierva; al mismo tiempo salía de la tierra y quería mantenerse en movimiento, horizontal y vertical simultáneamete…
… me gustó en principio los contrastes que proponía e intenté aclararlos, disponiendo materiales viajeros como el adoquín portugués para la pavimentación, que se ha instalado en forma de serpiente, junto a la piedra de la zona. En el uso de materiales portugueses también encontraba las voces de otros amigos y maestros con los que he podido trabajar, así como ecos de mi pasión por esta otra zona mágica. También me obsesionan los reflejos, las sombras -siempre más veloces que las figuras- casi cada elemento mínimo me produce una exaltación que no dudaría en llamar amorosa, un erotismo directamente ligado a lo material, aquello que me permite al tocarlo acercarme a lo real…
… la imagen simbólica del peregrino, en el que resuena tanto el campo (agro) como el extranjero (peregrinum), se dispone a actuar en este escenario en el que cada mínimo elemento está dispuesto a la representación, el molino y el puente, en los que está presente como banda sonora el sonido del pasar del agua, los hitos de piedra de Zimbawe que marcan y protegen el paso, los ajardinamientos elaborados con flora autóctona, los adoquines que figuran en su sinuosidad la dilación necesaria para oir el viaje… incluso el mobiliario urbano -papeleras, farolas, barandillas- ha sido cuidado y concebido para armonizar o tener un papel en este juego de imágenes e ideas…
… se crea en este traspaso constante algo especial, algo nuevo que en alguna forma ya existía, o que siempre estuvo allí, como la presentación sencilla de un proceso complejo, la transformación en natural de lo que la obra pretende…
… la medida de la obra es el cuerpo, la figura del peregrino, como quien busca refugios temporales, un cuerpo que se desgrana como una figura social, con mil ojos y mil manos que ayudan a que la escultura exista, viviendo en ella, haciéndola vivir en sus manos, en sus paseos, creando desde un hecho un acontecimiento…
… siendo hija de músico, la escultura tiene algo de las resonancias, la inmaterialidad del sonido, que intenta temporalizar el espacio, escuchando la obra en su totalidad, en la que está incluida la gente, la naturaleza, la historia, las cartas que he enviado desde Japón hasta Argentina…
… la luz y el aire son muy importantes para procurar que la obra comience a respirar, que produzca una sensación de bienestar que te invite a permanecer habitando una visión en la que sea posible pensar, ampliar tus sensaciones, vivir en toda la intensidad de la palabra. Crear vida sería abrir todas las posibilidades de placer que se encuentrar ya contenidas en un espacio concreto y que brillan en su transformación…
… la figura simbólica que más me interesa pensar es la del viaje, como metáfora del viaje más complejo e importante, el de la vida, hecho siempre mediante decisiones, sinsabores y aciertos que producen un crecimiento constante, cuando así s afronta, hacia la interioridad. Quizá es nuestro fin de siglo el momento de reflexionar sobre la carencia de espiritualidad en la que la sociedad se halla inmersa y a la que en cierta forma nos empuja mediante la banalidad, la velocidad, la falta de preocupación de la publicidad, la moda la información. El viaje intrasferible de la vida necesita también recuperar espacios para la interioridad, que curiosamente se crea en diálogo con lo absolutamente exterior. Molino y puente, por ejemplo, son conexiones que pueden provocar esta interiorización de la mirada, este hacer camino interior lo expuesto como pieza…
… el camino individual, prefigurado por la imagen del peregrino, siempre tendido frente a una substancia cósmica, tan presente como sublimidad natural en Galicia, y protegiéndose de ella, entusiasmado por su tarea siempre pendiente, siempre recomenzada, sin llegada posible. Quizás en ella esté la idea más cercana a lo que debiera ser el trabajo del artista, del creador…
… El catálogo es una documentación del camino, el lugar de amalgama de la diversa llamada y voces que me han ayudado, un cuaderno de viaje sobre el proceso en el que la obra, com mi ayuda, ha ido naciendo. Al igual que la inauguración de la obra, que quiero que tenga el aspecto de fiesta popular, en el que puedan participar los destinatarios del trabajo…
… general un acontecimiento para mí sería que la reactivación de ese espacio pudiera continuar su vida, su autonomía, que pudieran ser recuperados progresivamente espacios aledaños a este, que pudieran envenenarse con esta actuación otros lugares, senderos que ya he visto, otros paseos sobre los que ya he visto, otros paseos sobre los que ya he mantenido conversaciones con los regidores. Generar, en una palabra, un entusiasmo que pudiera ser contagioso sobre la capacidad de intensificación de la vida que se encuentra en el arte…
… acercarse al sentido del viaje, entendida la necesidad de contacto entre exterioridad e interioridad, es generar distancias sobre arte, trabajar los sentidos, despertarlos, revivirlos, habitarlos como elementos articulados sobre los que es necesario procurar un trabajo. Siento en mi camino personal una gran curiosidad por todo lo que me rodea, la gente que va de paso, la forma de mirar, las maneras de vivir, las relaciones con quienes trabajan conmigo, el maestro de obras o el farmacéutico que vive frente al espacio de la obra, por los lugares donde se concentra movimiento, energía en definitiva. Todo ello puedo vivirlo con otra intensidad en este trabajo…
… cuando la pieza está acabada comienza a nacer, como acontecimiento, como generadora de efectos, como cuña que empuja a otros espacios que quieren ser vividos. Soy su sierva hasta el momento en que pueda vivir anónima pero eficazmente…
